Los Factores de Riesgos Psicosociales

Los factores psicosociales qué son.

Los factores psicosociales son condiciones personales, del entorno relacional y del entorno laboral que actúan sobre la motivación y sobre la actitud del paciente como condicionantes en la salud y el enfermar. Los factores psicosociales están por tanto presentes en el absentismo por incapacidad médica laboral, como al considerar el retorno al trabajo y en la eficacia en el trabajo tras el alta médica. Los factores psicosociales no causan la incapacidad pero pueden precipitarla, mantenerla o modificarla.

Los factores psicosociales son determinantes en la salud de la población y por tanto determinantes en la enfermedad y el enfermar de la población trabajadora. Los factores psicosociales son factores precipitantes en el inicio de la incapacidad, son factores de mantenimiento de la incapacidad ligados a la cronificación de los procesos de incapacidad, condicionan la mala respuesta y la adherencia terapéutica, suponen barreras al retorno laboral, y pueden ser causa de presentismo laboral (estar presente en el trabajo, en malas condiciones por temor a perder el empleo). La presencia de factores psicosociales negativos es predictor de dificultoso retorno al trabajo. Tratándose de factores previos a la declaración de la incapacidad conviene conocerlos para prevenir la aparición de la incapacidad y su mantenimiento que determina un no retorno laboral o su postergación, tanto en la incapacidad temporal como permanente. Los factores psicosociales no causan la incapacidad pero pueden precipitarla, mantenerla o modificarla, terminando por condicionar la situación de capacidad o incapacidad laboral. En estudio de seguimiento de procesos de baja que alcanzaron los 365 días, es decir bajas laborales prolongadas, los factores psicosociales estaban presentes en un 23% de forma significativa.

Los factores psicosociales están en el inicio de la baja como detonante impeditivo laboral de situaciones basales previas. Están en la cronificación del proceso una vez que la incapacidad se ha producido, están en la percepción del paciente de persistencia sintomatológica y de escasa respuesta al tratamiento, conllevan una percepción de mala evolución de su proceso de incapacidad, potencian lo disfuncional discapacitante y dificultan el retorno laboral. Si permanecen no resueltos y se produce el retorno al trabajo serán causan de bajo rendimiento laboral, pudiendo ser determinante de “ineptitud sobrevenida” y despido. Por todo ello, es capital la identificación temprana y la prevención de estos factores psicosociales para aminorar el absentismo por incapacidad.

Los factores psicosociales como predictores del retorno al trabajo. Las banderas amarillas en la prolongación de las situaciones de incapacidad laboral

La actitud y lo motivacional están presentes en las situaciones de incapacidad desde el inicio, en la prolongación y en el momento del retorno laboral.

La valoración del inicio de una baja, su prórroga o el alta médica suponen una estricta objetivación de las limitaciones funcionales su evolución y la valoración de la capacidad laboral.

Pero la línea divisoria entre capacidad e incapacidad no siempre es clara, tanto en el inicio y seguimiento de la baja (incapacidad temporal). Sin olvidar esta compleja realidad, en la incapacidad temporal podemos encontrarnos con bajas evitables o voluntarias, el paciente acude a solicitar la baja, suelen ser procesos en los que prima la actitud del paciente y lo motivacional sobre la enfermedad limitante, a diferencia de las bajas inevitables involuntarias en las que la enfermedad limita e impide trabajar se prescribe la baja de forma indubitada, la actitud del enfermo y lo motivacional estarán presentes pero desde la percepción de la forzada e inesperada pérdida funcional laboral.

Lo evitable nos lleva a una consideración preventiva de las situaciones previas a lo inevitable que es estar impedido para el trabajo por el desarrollo de una enfermedad incapacitante.

El enfoque psicosomático en el abordaje de los procesos de “larga incapacidad médica laboral” cronificados es capital para mejorar los resultados de retorno al trabajo en la misma medida que mejoran el resultado de la atención sanitaria. Nos permite conocer y dar respuesta a esas situaciones de baja con síntomas inexplicables o malas respuestas terapéuticas, así como la atención a la comorbilidad de factores psicológicos en múltiples procesos orgánicos con dolor crónico, o gran servidumbre terapéutica o pronóstico vital incierto que conlleven una necesaria adaptación laboral al retorno.

Los factores psicosociales pueden explicar la aparición de procesos psicosomáticos o procesos con expresión de síntomas físicos pero con ausencia de organicidad.

No debemos menospreciar los factores psicosociales que sería tanto como negar la evidencia y su peso en el absentismo laboral por incapacidad

Si damos por probado que los factores psicosociales son predictores de larga incapacidad, dificultar el retorno laboral y disminuir el rendimiento laboral, la mejor forma de evitar su impacto es prevenirlos, es decir tratar de aminorarlos o que no existan.

Cómo actuar para prevenir el impacto de los factores psicosociales desfavorables:

—     Sobre los factores psicosociales personales referentes a respuestas emocionales inadecuadas ante el ordinario vivir y ante las situaciones adversas o el sufrimiento vital, sólo cabe en el supuesto de advertirlas desde la atención primaria aconsejar la terapia o consejo atencional psicológico adecuado.

  • Frente a los factores económicos personales sólo cabe confiar en un trabajo y salario digno, y la bonanza económica.
  • Frente a los factores familiares o sociales, sobre todo los referente al apoyo familiar y responsabilidades sobre cuidado de familiares la mejor respuesta es una adecuada protección social, y horarios flexibles que faciliten la conciliación familiar (familia trabajo).
  • En cuanto a los riesgos psicosociales presentes en el trabajo mejora de la organización del trabajo, mejora del clima laboral, evitar la competitividad estresante lesiva, evitar la presión desmesurada o la carga excesiva de trabajo o largas jornadas laborales. Evitar jornadas incompatibles con una vida familiar y de ocio.
  • Permitir la reincorporación parcial. Disminuir horario o cargas en la etapa de reingreso al trabajo.
  • Facilitar la adaptación laboral ante la “actitud sobrevenida”.
  • Por otra parte para disminuir las falsas o negativas expectativas respecto a la enfermedad, los tratamientos, las disfunciones y su evolución y las creencias de concebir el trabajo como no saludable o dañino sólo cabe:
  • En lo atencional mensajes claros, positivos hasta donde alcancen, diagnóstico temprano tratamiento eficaz en tiempo y forma, disminuir listas de espera, e implantación de programas de atención temprana en los problemas osteomusculares y trastornos psicológicos.

—     En lo personal modificar las conductas emocionales erróneas derivando a counseling psicológico cuando proceda, sin psiquiatrizar lo cotidiano o del humano vivir.

Los programas de coordinación de retorno al trabajo mediante la vinculación del entorno asistencial y del laboral no parecen en la práctica mejoren los resultados del retorno al trabajo de forma significativa, pero hay poca evidencia en planes estructurados.

Los riesgos psicosociales presentes en el trabajo deben ser valorados como condicionantes de especial sensibilización preventiva a la hora de extender el alta o considerar el retorno laboral. Máxime cuando en estos tiempos modernos hemos conseguido disminuir los riesgos físicos o riesgos de exposición a agentes químicos, pero precisamente por la modernización de los proceso productivos asistimos a políticas de organización del trabajo que favorecen la presencia de factores psicosociales en el trabajo.

Las banderas amarillas al retorno laboral.

Las “banderas amarillas” (yelow flags) es un término acuñado por Kendall et al en 1997 aplicado en un principio a los factores psicosociales negativos cuya presencia en cuadros de dolor de espalda explican la persistencia de los síntomas, la mala respuesta al tratamiento, su cronificación, su mal pronóstico, la discapacidad y la dificultad de retorno al trabajo.

Pero podemos hacer extensivo tal denominación de banderas amarillas a la incapacidad por cualquier proceso para referirnos a los indicadores psicosociales cuya presencia nos alerta de la posibilidad de que el proceso se vaya alargar, mantenga la sintomatología dolorosa y disfuncional, comporte la aparición de procesos ansiosos, trastornos adaptativos, de lugar a creencias y expectativas negativas respecto a la curación o la mejoría y por tanto retardando cuando no impidiendo el retorno al trabajo.

Las “banderas amarillas” representan la dimensión psicosocial y deben de ser consideradas durante la valoración/evaluación ya que actúan como importantes factores de riesgo para la aparición de problemas crónicos.

Las banderas amarillas son predictores de mal pronóstico tanto en la atención sanitaria, como en la recuperación funcional, como en el retorno al trabajo.

Las banderas amarillas en incapacidad hacen referencia a lo:

—     Afectivo: Síntomas de depresión. Síntomas de ansiedad. Irritabilidad.

  • Conductual: Afrontamiento inadecuado de la situación (poor coping skills). Alteración del sueño o sueño excesivo. Actitud pasiva o escasa conformidad (compliance) con la rehabilitación y con cualquier tratamiento. Gran disminución en la realización de las actividades cotidianas. Aislamiento social. Aumento del consumo de alcohol u otras sustancias, incluyendo la polimedicación.
  • Social: Ausencia de apoyo. Sobreprotección por parte de familia/amigos. Familia/ amigos socialmente punitivos. Nivel educativo bajo. Historia de abusos físicos, sexual o de sustancias.

—     Laboral: Expectativa de empeoramiento del dolor y la evolución con la actividad. Historia laboral “pobre”, con bajas frecuentes. Satisfacción laboral baja. Entorno laboral poco acogedor/protector/solidario/cómodo (supportive). Problemas con reivindicaciones y compensaciones. Litigio pendiente.

Las banderas amarillas son indicadores psicosociales que sugieren un mayor riesgo de progresión a largo plazo del proceso de baja, la aparición de ansiedad o angustia (no patológica), la percepción de discapacidad y en cuadros osteomusculares la persistencia del dolor resistente a los tratamientos.

Las siguientes medidas reducirán el impacto de los factores psicológicos en la incapacidad temporal:

  • Actuar sobre las respuestas emocionales inadecuadas que acompañen a cualquier proceso, mediante atención psicológica de intervención precoz.
  • Así mismo atención temprana de los procesos osteomusculares con sintomatología psíquica añadida o secundaria.
  • Evitar listas de espera para pruebas diagnósticas y para tratamientos, que potencian actitudes de resistencia al retorno laboral acrecentadas en pacientes con factores psicosociales desfavorables.
  • Consideración preventiva de las decisiones de alta médica o imperativa de ordenar el retorno laboral. Incorporación parcial al trabajo (altas parciales, con inclusión laboral paulatina, bien con restricción temporal o de la intensidad en la carga de trabajo) tras incapacidad que modula las reticencias al retorno laboral.
  • Facilitar la adaptación laboral ante la “actitud sobrevenida” del trabajador reincorporado tras largas incapacidades.
  • Evitar con concordancia decisoria controversias entre el alta médica que pone fin a la prestación económica y la declaración de no apto a la incorporación. Horarios flexibles o reducción horaria que favorezcan la conciliación familiar y aminoren los factores psicosociales deficitarios.
  • Prestaciones sociales para la atención a familiares con dependencia o gravemente enfermos. Mayor detección y protección de los riesgos psicosociales en el trabajo.
  • Mejoras en la organización, condiciones y clima laboral, que fomenten la satisfacción laboral, junto a políticas de empleo que minimicen la precariedad y temporalidad.

 

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